*Juan Pablo Durán (Director Periodístico)
En las últimas semanas, el tablero peronista de Tucumán ha comenzado a presentar algunos cambios . Los históricos referentes del peronismo local, Osvaldo Jaldo y Juan Manzur, parecen estar dejando atrás años de tensiones y enfrentamientos para forjar un acuerdo electoral que podría definir el futuro del justicialismo en la provincia de cara a las elecciones legislativas del 26 de octubre de 2025.
Este acercamiento, que ya muestra señales concretas de reconciliación, responde a una necesidad urgente: evitar una derrota frente a La Libertad Avanza (LLA) en un contexto de creciente polarización electoral. El peronismo tucumano, consciente de que la división podría costarle caro, apuesta por la unidad como estrategia de supervivencia.
El primer indicio de este “humo blanco” llegó con un gesto económico significativo: el gobierno provincial, encabezado por Jaldo, destinó 1.300 millones de pesos al municipio de Tafí Viejo, liderado por Alejandra Rodríguez, esposa de Javier Noguera, un aliado clave de Manzur. Este aporte permitió garantizar el pago de sueldos y aguinaldos, aliviando una situación financiera tensa en el municipio.
Este movimiento no fue casual. Tafí Viejo había roto con el pacto fiscal provincial en un gesto de autonomía política ligado a la interna peronista, pero su reciente reincorporación al acuerdo marca un segundo hito en el camino hacia la reconciliación. Finalmente ayer, durante los actos por el Día de la Independencia, Manzur se mostró conciliador junto a Jaldo en un encuentro institucional que fue precedido por previos acercamientos entre sus respectivos colaboradores. Este cara a cara, el primero desde que Jaldo asumió la gobernación, fue percibido como un “diálogo maduro y necesario” por el entorno del gobernador, así como también un movimiento deliberado de cerrar heridas.
La motivación detrás de este pacto es clara: las encuestas advierten una polarización creciente en Tucumán, con La Libertad Avanza capitalizando el descontento y la imagen aún sólida de Javier Milei en la provincia. Si el peronismo se presenta dividido, como ocurrió en las elecciones de Santa Fe, el riesgo de una victoria libertaria es mas que inminente. Tanto Jaldo como Manzur reconocen que ir en listas separadas podría fragmentar el voto peronista y allanar el camino para que LLA, a pesar de no contar con candidatos de gran peso, se alce con un triunfo electoral.
El acuerdo que se perfila propone una lista de unidad encabezada por el propio Osvaldo Jaldo, en una candidatura testimonial que busca capitalizar su alta aprobación –superior al 70% según algunas encuestas– y consolidarlo como líder del peronismo tucumano. En segundo lugar aparecería Gladys Medina, una figura clave del jaldismo, seguida por Javier Noguera, referente del espacio de Manzur y ex intendente de Tafí Viejo. Este armado estratégico permitiría que, si Jaldo no asume su banca, Noguera ingrese al Congreso en caso de que el peronismo consiga al menos dos de las cuatro bancas en juego. La distribución de lugares refleja un delicado equilibrio: Medina integraría el bloque Independencia, alineado con Jaldo, mientras que Noguera se sumaría a Unión por la Patria, representando al sector manzurista.
El encuentro de ayer, tras el desaire de Milei a Jaldo y a los gobernadores, marcó un punto de inflexión. Manzur, quien había mantenido un perfil bajo en Tucumán mientras fortalecía su vínculo con Cristina Fernández de Kirchner, reapareció para respaldar al gobernador en un gesto que muchos interpretan como el preludio de un acuerdo electoral. Este acercamiento no solo busca consolidar al peronismo frente a LLA, sino también enviar una señal a nivel nacional, donde el PJ, liderado por Cristina, intenta rearmarse como oposición.
El camino hacia octubre no será sencillo. Las negociaciones no están cerradas, y ambos sectores mantienen frentes propios por sí el acuerdo fracasa. Sin embargo, la historia del peronismo local demuestra que Jaldo y Manzur saben dejar de lado diferencias cuando la supervivencia política está en juego. La unidad, aunque frágil, parece ser la única vía para evitar que LLA capitalice la polarización y relegue al peronismo a un segundo plano en Tucumán. El 26 de octubre será la prueba de fuego para este pacto forjado en la necesidad y la pragmatismo.