Por Roxana Mugica

Se cumplió un mes del secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores. La operación militar de Estados Unidos dejó un saldo de alrededor de 100 muertos, e igual número de heridos civiles, según comunicó el Ministro del Interior (y número dos del chavismo), Diosdado Cabello, durante el bombardeo a cinco ciudades de Venezuela, incluída la capital.

Con la intervención directa de Estado Unidos en Latinoamérica y las amenazas a otros países como México, Colombia, Cuba, con la excusa de acabar con el terrorismo, los cárteles o los gobiernos autoritarios, Whashignton busca tomar control de los países no aliados y de sus recursos estratégicos, como lo dijo el mismo Trump.

  Hace un par de semanas un grupo de organizaciones políticas sociales de Tucumán se congregaron para tomar posición y planificar agenda, luego del bombardeo y secuestro del Presidente Nicolás Maduro por parte de Donald Trump, entendiendo que las políticas regresivas del gobierno de Javier Milei operan en función de los lineamientos de Estados Unidos y sus intereses.

En un documento público, el Foro Permanente por la Soberanía de América Latina se pronunció:

“En un salto atrás en la historia, actúan como amos de la región, creyendo que pueden sacar y poner gobiernos como y cuando quieran.

Cínicamente, Trump se arrogó el derecho de manejar el gobierno venezolano hasta que tengan garantizado el manejo y la explotación del negocio petrolero de este país.

Al hacer tabula rasa del Derecho Internacional, violando los artículos 1 y 2 de la Carta de las Naciones Unidas, Estados Unidos ha decidido que el mundo es otro, un mundo donde no existen reglas y se impone la ley del más fuerte.

Se trata del primer acto en Latinoamérica de un orden que abandona el equilibrio mundial basado en reglas para imponer el uso de la fuerza.

A partir de este hecho, las democracias de América Latina se convertirán en meras gobernanzas, sin poder de decisión, quedando sometidas al Imperio, como si fueran estados asociados.”

¿Por qué resulta imprescindible hablar hoy de soberanía desde Tucumán?

La Soberanía es un concepto que entiende la capacidad de los Estados para tomar decisiones respecto de sus territorios, su población, sus recursos. En el siglo XlX, con el nacimiento de los Estados Nación, la dependencia con los países colonialistas seguía existiendo. Las Provincias Unidas del Río de la Plata dependían, a través del Virrey, de los Reyes de España. En este caso, la soberanía es una característica del ejercicio de poder, que era central, para ser reconocida independiente de la metrópoli por los demás Estados.

Así consta en el acta de la Independencia firmada el 9 de julio de 1810 en la provincia de Tucumán:

“… declaramos solemnemente a la faz de la tierra que, es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”

  Es así que los próceres fundadores de nuestra patria entendían que solo habría independencia si los pueblos de América luchaban bajo un mismo objetivo: liberar al pueblo de la opresión colonial.”

El fenómeno de la globalización económica y política planteó nuevos desafíos y escenarios; la dependencia económica se convirtió en el arma de opresión hacia los pueblos, a la vez que se expandía el modelo de producción capitalista junto con su cultura. Krasner diferencia cuatro usos de la noción de soberanía en la actualidad: la soberanía de interdependencia, la soberanía interna, la soberanía westfaliana, y la soberanía legal internacional, con frecuencia imbricadas entre sí. Las características de la formación del Estado-nación en el ámbito latinoamericano, como señala el mismo autor, remiten básicamente al tercer tipo y, eventualmente al cuarto, en tanto «las estructuras estatales que se desarrollaron en los Estados surgidos de los imperios español y portugués en el Nuevo Mundo eran compatibles con el modelo westfaliano», y el ulterior desarrollo de las naciones latinoamericanas contribuyó a generar una amplia gama de aportes al derecho internacional.

El ataque de Estados Unidos es un atentado contra el orden establecido mediante los acuerdos internacionales, y busca imponer un nuevo orden basado en la fuerza y el sometimiento económico de lo que él llama “el patio trasero”, con la intención de explotar recursos naturales, como el petróleo, tierras raras, recursos humanos a muy bajo costo.

En contrapartida, los países de la región han promovido históricamente un orden internacional regulado, han desarrollado innovaciones importantes en el campo del derecho internacional, y han promovido la resolución pacífica de las disputas entre Estados y el rechazo al uso de las fuerza, a través de la acción de diversas organizaciones multilaterales, y sobre la base del respeto de los principios de soberanía nacional, de no intervención y de resolución pacífica de disputas. La impronta de Estados Unidos de inmiscuirse y elevarse como autoridad mediadora en conflictos internos de otros países siempre terminó en masacres y en devastación.

La integración regional siempre fue la clave de la resistencia de América Latina: uno de los hitos de mayor trascendencia fue la creación del Tratado de Libre Comercio, que iba de la mano de acuerdos políticos entre los países de Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina, y posteriormente el Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), que apuntaba a impulsar la coordinación política y diplomática, como así también la profundización de la convergencia entre Mercosur, la CAN y Chile. La defensa de la soberanía de las naciones latinoamericanas es clave para el desarrollo regional de nuestros pueblos, teniendo presente, como punta de lanza, la historia y entendiendo que la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos solo se alcanzará con resistencia, lucha y unidad.