*Por Juan Pablo Durán
En las elecciones de octubre 2025, el Frente Juntos por Tucumán, liderado por el diputado radical Roberto Sánchez, enfrenta un desafío crucial: alcanzar los 150.000 votos necesarios para poder asegurarse una banca en la Cámara de Diputados. Con encuestas que lo ubican por debajo del 10% de intención de voto, el ex intendente de Concepción no puede permitirse ignorar, como ocurre con el cuerpo humano mismo, a los “radicales libres” que no forman parte del actual frente electoral conformado por socialistas y ex alfaristas.
Dirigentes como los hermanos Agustín y Federico Romano Norri, Ariel García, los hermanos Mendía, Luis González, José Luis Avignone, Teresita Villavicencio, Exequiel Luna y otros referentes históricos que, según los resultados electorales de 2023, suman entre todos más de 30.000 votos. En un escenario electoral donde cada sufragio cuenta, estos votos son vitales para que Sánchez pueda pelear por alcanzar el umbral del 15%. Todo esto sumado a que Sebastián Salazar, Mariano Campero y José Seleme son radicales pero que ya juegan abiertamente con Javier Milei.
Pero, al igual que los “radicales libres” que causan daño en el organismo si no se controlan, estos radicales sueltos pueden desestabilizar el frente si no se integran estratégicamente.
En el cuerpo humano, los radicales libres son moléculas inestables que, al no estar neutralizadas, generan un efecto en cadena que daña células y tejidos, acelerando el envejecimiento y debilitando el organismo. En el cuerpo político de Juntos por Tucumán, los radicales sueltos funcionan de manera similar: son fuerzas dispersas que, sin una dirección clara, pueden fragmentar la estructura del frente y debilitar sus chances electorales.
En 2023, Sánchez obtuvo el 34,93% de los votos (unos 350.000) como candidato a gobernador por Juntos por el Cambio, pero la división actual del voto opositor, con Fuerza Republicana y CREO compitiendo por el mismo electorado, reduce su base. Los radicales sueltos, como los Romano Norri, con arraigo en la capital, o Ariel García, con peso en la sección Oeste, representan un caudal que, según los números de 2023, superarían los 30.000 votos.
El paralelismo es claro. Así como el cuerpo necesita antioxidantes para neutralizar los radicales libres y proteger su salud, Sánchez necesita una estrategia de unidad para incorporar a estos dirigentes y fortalecer su frente. Figuras como Luis González, ex intendente de Simoca, o el ex concejal José Luis Avignone aportan estructuras de poder que podrían ser decisivas. Teresita Villavicencio y Exequiel Luna, aunque menos prominentes, suman votos en circuitos clave.
Sin embargo, la dispersión de estos radicales sueltos amenaza con oxidar las chances de Juntos por Tucumán, especialmente en un contexto donde el peronismo de Osvaldo Jaldo, con su maquinaria electoral, apunta a los 450.000 votos y La Libertad Avanza (LLA) compite por el voto antiperonista. Si Sánchez no logra integrar a estos sectores, los 30.000 votos que representan podrían perderse en la fragmentación.
En la elecciones pasadas Juntos por el Cambio demostró que la unidad puede ser competitiva. El éxito del ex piloto de rally depende de su capacidad para recomponer la base radical y atraer a los desencantados de LLA y otros espacios opositores. En un escenario donde cada voto cuenta, Sánchez debe entender que la banca no se gana sólo con su nombre, sino con la suma de todas las voluntades de correligionarios que, hoy por hoy, están fuera de su frente.
*Director periodístico