El mercado argentino resiste el temblor financiero producto del conflicto en Medio Oriente. Sin embargo, el aumento del precio del petróleo complica la baja de la inflación que se propuso el equipo económico

Un producto clave será el que amenace el objetivo del Gobierno de que la inflación empiece cero en agosto: el precio del gasoil. Brasil ya advirtió que el combustible, esencial para el agro, la industria y el transporte, está escaseando en el país.

Matías Togni, analista de la consultora petrolera NextBarrel, dio un panorama sobre la consecuencias de la guerra: “La volatilidad ocurre en el intradiario, por un lado, los ataques a infraestructura energética (que antes eran una línea roja) ocurren de noche en Medio Oriente, cuando los mercados de futuros están cerrados o con poca liquidez, abriendo con fuerza. Pero durante la mañana, Trump siempre tira algo para intentar calmar el precio y termina cerrando neutro o apenas positivo, pero la tendencia es clara”.

Togni agregó que “la conversación en la semana estuvo en torno al miedo de que Estados Unidos limitara o prohibiera las exportaciones de crudo y productos, algo que desmintieron, pero siguen intentando con otras medidas, como suspender la ley de cabotaje marítimo por 60 días, o cambiar las especificaciones de la gasolina para abaratar los costos domésticos. Mientras tanto, en el mundo fuera del control de los Estados Unidos, el petróleo en Oman tocó los máximos históricos (nominales) en USD 167 por barril. Más cerca de la Argentina, Brasil emitió alarmas por la posible falta de gasoil, algo que también va a repercutir aquí si se siguen manteniendo los precios domésticos artificialmente bajos”.

La Argentina importa entre el 5% y el 10% de gasoil y exporta otros combustibles para compensar. Pero siempre una parte del abastecimiento depende del exterior. El gasoil representa 65% del consumo de combustibles.

Por otra parte, el panorama para la deuda argentina se encarece, aunque el país aseguró los pagos hasta julio de 2027 sin recurrir a los mercados internacionales, según lo anunciado por el ministro de Economía, Luis Caputo.

La guerra tiene un costo de USD 200.000 millones para Estados Unidos y el Tesoro saldrá a buscarlos al mercado. Por eso, los bonos cayeron y su tasa de retorno aumentó a 4,28 por ciento.

La Argentina y la región parecen absorber mejor los costos que Europa y Estados Unidos, pero las consecuencias todavía no se sienten a pleno porque no aumentaron tanto combustibles. Sin embargo, la fuerte caída inicial de los bonos soberanos de ayer es un llamado de atención. Después del anuncio de Caputo de garantizar pagos de la deuda, la baja se moderó y los bonos cerraron en equilibrio. El riesgo país bajó 8 unidades (-1,3%) a 602 puntos básicos.

En Sailing Inversiones advirtieron que “la suba reciente de la tasa de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años eleva el piso de rendimiento exigido a nivel global y reconfigura el escenario para la renta fija emergente. En el caso de los bonos soberanos argentinos en dólares, este movimiento actúa como un viento en contra: al subir la tasa libre de riesgo, el mercado demanda mayores retornos totales, lo que se traduce en precios más bajos”.

Y sumaron: “Esto se está viendo con claridad en la curva soberana, donde varios títulos volvieron a operar con rendimientos de dos dígitos, reflejando tanto el shock externo como la persistencia del riesgo país elevado. En este contexto, el rally de tasas en Estados Unidos no solo presiona por el canal financiero, sino que también tiende a endurecer las condiciones globales de liquidez, lo que históricamente afecta de forma más marcada a emisores de menor calidad crediticia”.

El informe remarcó que “por el lado de las obligaciones negociables, el impacto es más acotado y heterogéneo. Las ONs de emisores sólidos, particularmente en sectores como energía, tienden a mostrar mayor resiliencia, ya que su riesgo crediticio es percibido como más estable e incluso, en algunos casos, mejor que el soberano. Esto genera cierto desacople relativo frente a los bonos del Tesoro argentino. Sin embargo, no quedan completamente inmunes: el nuevo nivel de tasas globales también eleva sus rendimientos requeridos, aunque en menor magnitud, consolidando un escenario donde el carry trade sigue siendo atractivo, pero con menor potencial de compresión adicional”.

Los países de la región tuvieron un comportamiento similar y el índice de emergentes subió 0,10 por ciento.

La consultora F2 que dirige Andrés Reschini se ocupó del tema: “Sin demasiada claridad sobre el final de la guerra en Medio Oriente, los bancos centrales continuaron hablando. Fue el turno de Japón (BoJ), de la Unión Europea (BCE) y de Inglaterra (BoE). El ente nipón ya tenía en marcha un proceso de reacomodamiento de tasas al alza y no sorprendió al mercado tras mantener los tipos sin cambio. Los demás tampoco realizaron cambios, pero hicieron hincapié en los riesgos inflacionarios y de actividad que surgen de la guerra y en un horizonte poco claro de modos que todos compartieron tono más hawkish (agresivo). El dólar se debilitó, el real brasileño se fortaleció; el equity (acciones) americano cerró con leves retrocesos mientras el ETF de emergentes y Brasil recuperaron terreno, lo mismo que la deuda de emergentes representada en el ETF EMB, a contramano de la deuda soberana argentina en moneda extranjera”.

El S&P Merval de las acciones líderes subió 2,8% en pesos y 2,9% en dólares de la mano de las acciones de energía y los bancos. YPF aumentó 4,9% y BBVA 5,8 por ciento. En el caso de los bancos, el avance se basa en que eliminan limitaciones para los giros de utilidades al exterior. De todas maneras, el mercado accionario no perdió su cualidad de selectivo.

En el Mercado Libre de Cambios (MLC) se operaron USD 591 millones y el dólar mayorista aumentó 50 centavos a 1.394,50 pesos. El Banco Central compró USD 132 millones, pero las reservas no aumentan por pequeños pagos a organismos internacionales (hoy se pagarán USD 14 millones al Banco Centroamericano de Integración Económica) y por la depreciación del oro y del yuan específicamente. La divisa china, que representa la mitad de las reservas, perdió 0,5% en la semana y el oro ayer retrocedió casi 4 por ciento. Las reservas bajaron USD 793 millones a 43.701 millones de dólares.

En su análisis diario, Adcap expresó que “en este contexto, los bonos en pesos se desacoplaron de los instrumentos en moneda dura, con los BONCER mostrando una sobre performance de entre 12% y 15% desde fines de enero, en gran parte impulsada por la fortaleza cambiaria. Sin embargo, la desdolarización comienza a perder impulso, y una mayor sobre performance requeriría una apreciación adicional de la moneda”

Los dólares financieros operaron sin cambios. El MEP cerró en $1.421 y el contado con liquidación (CCL) en 1.470 pesos. El “blue” cedió $5 a 1.430 pesos.

Otro dato que preocupó a los inversores es la caída de 5,3% del Índice de Confianza del Consumidor (ICC). Es la segunda baja consecutiva. Un reporte de Aldazabal y Cia ponderó que “el índice continúa con su valor más elevado en el interior del país, donde incluso registró un incremento este mes, mientras que el valor más bajo está en el Gran Buenos Aires. Si bien aún nos encontramos a varios meses del inicio de campaña electoral, el ICC mantiene cierta correlación con el índice de confianza en el Gobierno, por lo que resultará clave para monitorear el sentimiento público respecto a la economía y aprobación de la gestión, teniendo en cuenta el proceso de reformas que busca aprobar en el Congreso”.

Las tasas de interés continúan en baja. Las LECAP a tasa fija que vencen a fin de abril rinde 1.93% y las más largas 2,3 por ciento.

Los índices del mercado overnight siguen la constante de los últimos tiempos. Después de las caídas hay un leve rebote, para luego retomar la tendencia a la baja. Los tres principales índices de las Bolsas de Nueva York abrían anoche con leves alzas de 0,20%; el oro rebotaba 1,15% y el petróleo estaba en baja, aunque este no es un dato firme.

https://www.infobae.com/economia/2026/03/20/la-argentina-sobrelleva-la-crisis-global-pero-las-presiones-inflacionarias-tensionan-un-objetivo-clave-del-gobierno