Por Ezequiel Vides Almonacid – Consultor en Comunicación Política

Este domingo 31 de agosto, Corrientes afronta un proceso electoral de una magnitud extraordinaria: se renuevan 416 cargos en 73 de los 74 municipios, entre ellos gobernador y vice, 5 senadores, 15 diputados provinciales, 73 intendentes y 237 concejales. A esto se suman particularidades locales como convencionales estatuyentes, defensores de vecinos y hasta un juez de faltas. En total, más de 600 cargos estarán en juego, un dato que no solo habla de recambio institucional, sino también de la trascendencia política de esta jornada.

Sin embargo, la verdadera clave no estará únicamente en quiénes resulten electos, sino en la participación ciudadana. La legitimidad de un gobierno democrático se sostiene en buena medida en el nivel de involucramiento de su electorado, y Corrientes llega a esta elección con antecedentes de marcada apatía en las urnas.

La serie histórica provincial muestra contrastes significativos: la elección con mayor participación fue en 1987, con un 80,07% del padrón, superando incluso al retorno democrático de 1983. En el otro extremo, el registro más bajo fue en la segunda vuelta de 2009, con apenas un 62,67%, en un escenario marcado por la disputa interna entre los primos Arturo y Ricardo Colombi.

Lo que está en juego este domingo no es solamente quién conducirá los destinos de la provincia y los municipios, sino también si Corrientes logra revertir la tendencia de ausentismo y recuperar una mayor densidad de participación democrática. En tiempos donde la desafección política crece y la ciudadanía busca nuevas formas de representación, el dato de asistencia a las urnas será tan determinante como el resultado electoral mismo.