El cristinismo, el kicillofismo y el massismo coinciden en que la identidad del “nuevo PJ” debe ser el rechazo al modelo libertario. Buscan atraer a gobernadores díscolos y sectores del centro para romper el aislamiento.

El peronismo ha comenzado a digerir la derrota del año pasado bajo una premisa de supervivencia: nadie se salva solo. En las últimas semanas, los puentes entre el Instituto Patria, la Gobernación bonaerense y las oficinas de Sergio Massa se han vuelto más transitados. El diagnóstico es uniforme: para enfrentar el fenómeno de Javier Milei, el Partido Justicialista (PJ) debe dejar de ser un “club de amigos” y transformarse en un contenedor de amplio espectro.

La estrategia, que ya circula en los despachos de los principales armadores de Unión por la Patria, busca establecer un nuevo denominador común: la oposición frontal al programa económico del Ejecutivo. “Ya no se trata de quién es más kirchnerista o más moderado, sino de quién está dispuesto a ponerse enfrente de Milei”, deslizan cerca de un importante intendente del conurbano.

Los tres vértices de la unidad

A pesar de las tensiones internas que afloran periódicamente, las tres terminales de poder han trazado una hoja de ruta con roles diferenciados pero complementarios:

  • Cristina Kirchner: Mantiene el control del “núcleo duro” y la autoridad doctrinaria. Su rol es blindar la base electoral y marcar el límite ético de la oposición.
  • Axel Kicillof: Se consolida como la “trinchera de gestión”. El gobernador bonaerense es hoy la cara visible del contraste administrativo con la Nación, ofreciendo un modelo de Estado presente frente al ajuste.
  • Sergio Massa: Opera como el nexo con el “peronismo de centro”, el sector empresarial y los gobernadores del interior que, aunque distantes del kirchnerismo, empiezan a sufrir el recorte de fondos federales.

“Desalambrar” el movimiento

La consigna de “abrir el PJ” no es solo un eslogan. Implica una invitación directa a dirigentes que en los últimos años se mantuvieron en la periferia o directamente enfrentados al Frente de Todos. El objetivo es “desalambrar” la estructura partidaria para atraer a:

  1. Gobernadores del PJ no alineados: Aquellos que intentaron una vía dialoguista con la Casa Rosada y hoy se encuentran con promesas incumplidas.
  2. Sectores del radicalismo y el socialismo: Que ven con alarma el avance de las ideas anarcocapitalistas sobre las instituciones.
  3. Movimientos sociales y sindicatos: Para fortalecer el músculo de movilización en las calles.

“El límite es el modelo de país. Si coincidís en que el ajuste no puede caer sobre los jubilados y la producción, las puertas del PJ están abiertas”, aseguran desde el entorno de Kicillof.

El desafío de la convivencia

Sin embargo, el camino hacia una “gran interna opositora” no está exento de fricciones. La disputa por la conducción del partido y el armado de las listas para las legislativas del próximo año siguen siendo el elefante en la habitación. Mientras el cristinismo exige una renovación con identidad, el massismo y los gobernadores reclaman una mirada más federal y menos “porteñocéntrica”.

Lo que parece haber cambiado es la urgencia. El avance de Milei en la agenda pública ha forzado una tregua táctica. El peronismo sabe que, si no logra aglutinar a todos los sectores heridos por el ajuste, corre el riesgo de quedar reducido a una expresión minoritaria. La orden es clara: primero la unidad de acción, después las candidaturas.