En la política argentina, el silencio suele ser más ruidoso que el grito. Tras una semana de ostracismo mediático, Manuel Adorni reaparece este viernes junto a Javier Milei en un acto oficial. No es una foto más: es la coreografía de una ratificación que busca sepultar los rumores de pasillo que lo daban fuera de la Jefatura de Gabinete.

El “Vocero de Hierro” enfrenta su momento más crítico desde que asumió el 10 de diciembre de 2023. El escándalo por el uso del avión presidencial para trasladar a su esposa, Bettina Angeletti, a Nueva York y Punta del Este, perforó el blindaje ético que el Gobierno suele exigir a “la casta”. A esto se suma el avance de la causa $LIBRA, donde la Justicia investiga planes para acuñar monedas de oro con la imagen presidencial, un proyecto que roza tangencialmente al entorno de la Jefatura.

A pesar de que las encuestas muestran que el “caso Adorni” es más fácil de digerir (y de repudiar) para la opinión pública que las complejas tramas financieras, Milei ha decidido sostenerlo. Las razones son tres:

  • Identidad: Adorni es el símbolo de la “batalla cultural”. Entregar su cabeza sería admitir que el modelo de comunicación directa ha fallado.
  • Lealtad: En el esquema de Karina Milei, la confianza personal precede a la eficiencia operativa.
  • Táctica: El Gobierno evita dar señales de debilidad ante el Congreso antes del informe de gestión de abril.

El Escenario de Mayo

Aunque la foto del viernes junto al Presidente y Sandra Pettovello calme las aguas, en Balcarce 50 ya se barajan nombres. Si la presión judicial aumenta o si el informe en Diputados se convierte en una carnicería política, la salida de Adorni podría disfrazarse de “reconfiguración estratégica” de cara a las legislativas de 2027. Por ahora, Adorni resiste, refugiado en una agenda de “hiperactividad” ministerial para demostrar que el mando sigue firme.

Ezequiel Vides Almonacid

Consultor en Comunicación Política

@ezevides