Por: Ezequiel Vides Almonacid, Consultor en Comunicación Política
Las tragedias climáticas no son solo eventos de la naturaleza; en el ámbito público, funcionan como implacables auditorías de gestión. El reciente temporal que azotó a Tucumán, con el trágico saldo de tres víctimas fatales —una joven pareja en Tafí Viejo y un niño en la Capital—, ha dejado a la provincia en una situación que supera lo meteorológico para instalarse en lo estrictamente político y comunicacional.
El fin de la narrativa de la “asistencia”
Desde la consultoría política, sabemos que el manual de crisis tradicional se basa en la presencia territorial y la foto de la asistencia. Sin embargo, este modelo está agotado. Cuando la infraestructura básica falla sistemáticamente ante los 200 mm de agua, la imagen del funcionario con botas de lluvia deja de transmitir “cercanía” para empezar a transmitir “impotencia”.
La muerte de un niño electrocutado en San Miguel de Tucumán y el aprisionamiento de un auto en una zona urbana no son accidentes de la naturaleza: son fallas de sistema. Para el ciudadano, la narrativa del “Estado presente” se diluye si el Estado no fue capaz de prevenir riesgos en servicios básicos o de señalizar rutas de peligro.
El contexto actual de Tucumán no es una burbuja. La tensión entre el Gobierno provincial y el ajuste nacional añade una capa de complejidad. Mientras desde el oficialismo local se intenta centralizar la gestión de la crisis, la oposición y ciertos sectores legislativos ya han empezado a capitalizar el descontento, exigiendo declaraciones de emergencia que ponen en evidencia la falta de inversión a largo plazo.
Un error común en la comunicación de crisis es el triunfalismo reactivo: anunciar que “la situación está controlada” cuando el agua aún no bajó de las casas. En Tucumán, la saturación de los canales y la falta de mantenimiento de desagües son problemas de décadas que hoy pasan factura.
E gobierno debe virar de una comunicación de reacción a una de responsabilidad. No se trata solo de enviar colchones; se trata de presentar un plan de contingencia hídrica transparente y con plazos reales. La ciudadanía hoy demanda menos “sentido pésame” en redes sociales y más mapas de riesgo y alertas tempranas que funcionen.
Tucumán enfrenta hoy una crisis de confianza. Las tres muertes de este abril no son solo una cifra en un parte de prensa; son un recordatorio de que, en política, lo que no se invierte en caños y hormigón, se termina pagando en capital político.
Si la política tucumana sigue tratando las inundaciones como una “sorpresa” anual, la corriente terminará por arrastrar algo más que asfalto y vehículos: se llevará la credibilidad de un sistema que parece haber olvidado que su primera obligación es, sencillamente, cuidar la vida.








