*Por Juan Pablo Durán
El principio del eterno retorno popularizado por Nietzsche pareciera cumplirse, siglo y medio después, con fuerza y extrema rigurosidad en Tucumán. En la política tucumana, el “todo vuelve” se ha convertido en una regla inquebrantable.
Osvaldo Jaldo, el hombre que en 2023 vio cómo la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) mandaba al patíbulo a Juan Manzur, impidiéndole integrar la fórmula como vicegobernador, podría convertirse una víctima de esa misma doctrina republicana, cuando su candidatura a gobernador sea oficializada en 2027.
El 9 de mayo de 2023, y a cinco días de que se celebrasen las elecciones provinciales, la CSJN hizo lugar a una presentación de Juntos por el Cambio. Los cambiemistas adujeron que, por el principio de alternancia o periodicidad en los cargos, Manzur no podía volver a integrar una fórmula gubernamental, puesto que durante 16 años ocupó los cargos de vicegobernador (dos veces) y gobernador (dos veces) de manera ininterrumpida.
Por estas horas comenzó a agitarse en los círculos manzuristas el fantasma de frenar, vía CSJN, la reelección de Jaldo. Asesorados por abogados constitucionalistas aseguran que el tranqueño correrá la misma suerte que el rionegrino Alberto Wereltinnek en 2019, cuando los jueces cimeros de la Nación inhabilitaron su reelección.
Analicemos: el gobernador tucumano acumula 8 años como vicegobernador (2015-2023), un período como interino efectivo del Poder Ejecutivo (513 días) dentro del primer mandato como vice y se perfila para completar el mandato como gobernador (2023-2027). Si en 2027 decide intentar la reelección, estaría buscando su tercer mandato consecutivo como integrante de una fórmula ejecutiva, según la jurisprudencia actual de la CSJN —la misma que impidió a Weretilnek y que suspendió las elecciones de 2023 en Tucumán— que comenzó a aplicar como norma sagrada el artículo 5º de la Constitución Argentina. Este artículo es la base sustancial del ordenamiento democrático, ya que obliga a las provincias a dictar sus constituciones bajo el sistema republicano, y las compele a incluir la periodicidad en sus propios cargos.
Sin embargo, la Constitución de Tucumán, en su artículo 90, parece habilitarlo de manera expresa: “El Vicegobernador, aun cuando hubiese completado dos períodos consecutivos como tal, podrá presentarse y ser elegido Gobernador y ser reelegido por un período consecutivo”. Es una cláusula clara, escrita en 2006, y que Manzur mismo ayudó a redactar cuando presidió la Asamblea Constituyente. Pero en 2015, cuando Manzur pasó de 8 años como vice de José Alperovich a 8 años de gobernador, a nadie se le había ocurrido, en ese momento, impugnar. Ocurre que la doctrina de la Corte todavía no era tan estricta.
El fallo que inhabilitó al santiagueño Zamora en 2013 hablaba solo de reelección indefinida, pero no miraba con lupa el «conjunto de años» en la fórmula ejecutiva. Jaldo, por tanto, se siente jurídicamente blindado. Él mismo lo repite cada vez que le preguntan: «Estoy habilitado, pero aún no he decidido si iré por la reelección”. Sin embargo, la CSJN de 2026 ya no es la de 2015. Los fallos Weretilneck (2019), Uñac (2023), Manzur como vice (2023) y especialmente el de Formosa contra la reelección indefinida de Insfrán (2024) han consolidado una doctrina clara: el artículo 5° de la Constitución Nacional —régimen republicano— exige periodicidad real y alternancia efectiva en el ejercicio del poder.
Todo indica que ya no bastaría con que la Constitución de Tucumán lo permita “expresamente”. La CSJN empezó a mirar el espíritu y no solo la letra de la norma. Y cuando ve a una misma persona (o un mismo grupo de candidatos) transitando los cargos de gobernador y vice durante 12, 16 o más años, considera que se viola el principio de renovación periódica de las autoridades.
Sabemos que Jaldo no busca la reelección indefinida, pero sí una permanencia de casi 16 años ininterrumpidos en el Poder Ejecutivo provincial. Para la doctrina actual, Jaldo estaría transitando el tercer mandato en una fórmula ejecutiva. Y la Corte ya demostró en 2023 que está dispuesta a suspender elecciones para evitarlo.
Pero dejemos un momento el análisis jurídico y vayamos directamente a lo político: la vendetta del manzurismo.
En 2023, Germán Alfaro (por entonces candidato a vice de Juntos por el Cambio) presentó un planteo ante la CSJN que terminó con la suspensión de las elecciones provinciales. Manzur tuvo que bajarse de la fórmula para destrabar el conflicto y Jaldo quedó como candidato a gobernador puro. El peronismo ganó, pero la interna quedó con un veneno que aún destila a flor de piel.
Fuentes cercanas al manzurismo admitieron a esta columna que no olvidan ese episodio y que la impugnación a su candidatura ya estaría redactada y espera paciente en un estudio de abogados para ser presentada en el momento en que Jaldo oficialice su candidatura a la reelección.
La misma herramienta que usó Alfaro —y que benefició a Jaldo en en 2023— ahora podría usarse en su contra.
De hecho, Alfaro, en su nuevo rol de exégeta y consigliere de Jaldo dijo en el programa Sin Letra Chica que trabajará por la reelección de su nuevo jefe político y que para ganar la Capital es necesario que Rossana Chahla no sea candidata, porque tiene detractores «dentro y afuera del peronismo».
La encrucijada de Jaldo
En el manzurismo sostienen que el ex mamilo (por su vínculo su mentora Olijela Rivas, apodada La Mamila) tiene dos salidas del laberinto: la primera es por arriba, ceder la gobernación al manzurismo y acordar la senaduría nacional.
Un acuerdo político —aseguran en el pejotismo anti jaldista— para encabezar la lista de senadores en 2027 le permitiría salir del Ejecutivo provincial con dignidad y manteniendo una cuota de poder real en el Senado.
Con este escenario, el camino queda despejado para Chahla, quien comparte pole position de buena imagen con Jaldo, o bien para el propio Manzur si es que es seducido otra vez por el calor del despacho ubicado frente a la plaza Independencia.
La segunda salida que tiene Jaldo es la de la resistencia. Puede sostener el argumento de que la Constitución de Tucumán se lo permite en su artículo 90, aún a sabiendas de que la Constitución Nacional está por encima, por la pirámide jurídica que nos rige.
El ajedrez ha comenzado. El juego de tronos está en marcha. La política tucumana es muy dinámica; el día a día cuenta más que el mediano o el largo plazo. Y los verdugos de ayer pueden ser los guillotinados de mañana.
*Periodista y consultor político








