Una guerra cada vez más amenazante; el aumento de las naftas y el plan Milei; los argumentos del fallo sobre la petrolera argentina; una historia de corrupción, los Eskenazi en la compañía; un éxito para Kicillof

Si uno jerarquiza la información disponible, habría que decir que no está pasando casi ninguna otra cosa, en términos de relevancia, más que la guerra en Medio Oriente. Sobre todo por su duración, por su desorientación, la confusión de objetivos y el problema que está generando en la economía global. En esa guerra se busca un cambio de régimen en Irán. Lo que sucede es que parecería cada vez más claro que, para los Estados Unidos y para Israel, “cambio de régimen” son dos cosas distintas. Tienen objetivos o alcances diferentes que impedirían una negociación, un acuerdo o, por lo menos, una tregua.

Para decirlo en términos venezolanos, Donald Trump parecería estar, desde el comienzo, buscando una Delcy Rodríguez en Irán. Es decir, la continuidad del mismo régimen con un cambio de conducta: que el régimen autocrático iraní deje de ser un peligro para la seguridad internacional. Israel pretende otra cosa. Está buscando una Corina Machado. Es decir, un cambio radical de régimen: la sustitución de la teocracia iraní por un sistema probablemente similar al que había en Irán antes de la Revolución de 1979.

Mientras opera sobre el conflicto bélico esta disonancia, aparecen voces muy importantes que tratan de ser prudentes y, aun así, plantean un escenario sombrío desde el punto de vista de la economía. Una de esas voces es la de Larry Fink. Es el chairman del fondo más importante del mundo, BlackRock, que dio varias entrevistas en los últimos días: una a Il Corriere della Sera, otra a El País de Madrid y otra a la BBC. En todas ellas planteó el peligro, el riesgo de una recesión global derivada del aumento del precio del petróleo. Lo que dice Fink es: si ese precio se vuelve persistente en un nivel de US$150 el barril, estamos ante la posibilidad de un gran enfriamiento de la economía global. Si eso no sucede porque la guerra termina pronto —y pronto es en mayo—, Fink, en un intento de ser optimista, dice que los precios de los combustibles y del petróleo van a volver al punto anterior al comienzo de la guerra.

Hubo la semana pasada una reunión en EE.UU., la más importante del mundo de la energía que se celebra en el año, CERAWeek. Y allí un gran profesor de Harvard, Kenneth Rogoff, un economista muy escuchado a escala internacional, dijo: ya estamos en recesión, ya estamos en el enfriamiento. Porque no vamos a evitar una escena que es más complicada que la del 1973, y puso números. En esa oportunidad, la restricción en la provisión de hidrocarburos fue del 7% del petróleo. Hoy es del 20%. Y eso está produciendo un aumento en el precio de los combustibles que, en Estados Unidos, en promedio, es del 30%, con variaciones según el Estado. En Chile es del 54% y en la Argentina está, en el último mes, entre el 12% y el 16%.

Por el estrecho de Ormuz pasa el 20% del comercio internacional del petróleo y el 25% de la producción de gas natural licuado (GNL)
Por el estrecho de Ormuz pasa el 20% del comercio internacional del petróleo y el 25% de la producción de gas natural licuado (GNL)

Hay actores importantes del mundo energético en la Argentina que sospechan que en cualquier momento llega el control de precios a los combustibles. Porque este aumento, que es inferior al de Estados Unidos y muy inferior al de Chile, es muy corrosivo para la política antiinflacionaria de Milei.

Este aumento en el precio de los combustibles está en relación directa con la suerte de Trump en las elecciones de medio término. Si además, por miedo a la inflación determinada por ese aumento en los combustibles, la Reserva Federal comienza a subir la tasa de interés, los estadounidenses van a tener además el malestar de tener que pagar más mes a mes el costo de sus hipotecas. Y eso es un problema muy extendido en Estados Unidos, difícil de comprender para la Argentina, que es un país sin crédito hipotecario debido a su historia inflacionaria.

Quiere decir que Trump, si volvemos a los precios de los combustibles en la Argentina y a la amenaza que esos precios plantean sobre la política antiinflacionaria de Milei, es un aliado muy efectivo en la relación bilateral con la Argentina, en la relación personal con el presidente argentino, pero es una especie de salvavidas de plomo para el programa de Milei si miramos su política de carácter global y la forma en que ingresó en esta guerra, sin tener muy claro cuál sería la estrategia de salida.

El presidente Donald Trump habla con los periodistas a bordo del Air Force One
El presidente Donald Trump habla con los periodistas a bordo del Air Force OneMark Schiefelbein – AP

¿Por qué es un aliado bilateral o personal muy efectivo? Porque en un momento en el que la política económica empieza a tener signos de interrogación muy importantes -por su enfriamiento, por su carácter recesivo, por las amenazas sobre el empleo y por la dificultad para que crezcan los sectores de la economía que proveen más trabajo- y en el que todo el mundo informativo está dominado por una agenda de corrupción que no se esperaba de este gobierno –por el incesante caso Adorni– llega el fallo que da vuelta la situación de la Argentina en los tribunales de Nueva York: un fallo de la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York que revierte la condena dictada por la jueza Loretta Preska, que le imponía a la Argentina una indemnización de US$16.000 millones. Una suma destinada al Grupo Petersen, de la familia Eskenazi, que vendió los derechos de juicio a un fondo, Burford Capital, que sería el que se llevaría esa indemnización, sin haber sido afectado de manera directa.

Se da vuelta un fallo que era muy oneroso para la Argentina. Esta película no terminó, Burford va a ir a la Corte de Estados Unidos. Pero hay que celebrar lo que ha pasado, porque realmente este caso estaba muy obstruido por dificultades, importantes muchas de ellas. Una de esas dificultades que lograron revertir los abogados del Estado argentino era lograr que los jueces norteamericanos entiendan la ley argentina, que es la ley que se aplica y que responde a una tradición totalmente distinta de la tradición con la que ellos están acostumbrados a operar y en la que están instalados. También había que lograr que los abogados que defienden a la Argentina, del estudio Sullivan & Cromwell, entiendan el derecho local. Es un cambio de cultura, un cambio de criterio muy difícil de lograr, que requería de mucha didáctica, de mucha persuasión, tanto en el caso de los jueces como en el de los abogados que defienden a la Argentina en Nueva York.

La sede de YPF en Puerto Madero
La sede de YPF en Puerto MaderoArchivo

Por Carlos Pagni

https://www.lanacion.com.ar/politica/ypf-el-segundo-salvataje-de-trump-nid31032026