Por Luisa Corradini

El presidente Javier Milei convocó a sesiones extraordinarias del Congreso entre el 2 y el 27 de febrero para tratar, entre otros temas, la reforma laboral y cambios a la Ley de Glaciares, según se publicó hoy en el Boletín Oficial.

La convocatoria fue formalizada mediante el Decreto 24/2026, que lleva la firma del jefe de Estado y del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en uso de las facultades conferidas al Poder Ejecutivo por los artículos 63 y 99, inciso 9, de la Constitución Nacional.

Según informó la Agencia Noticias Argentinas, los asuntos a tratar durante el período extraordinario se detallan en un anexo identificado como IF-2026-06047221-APN-JGM, que forma parte integrante del decreto.

El temario incluye el proyecto de ley de adecuación del Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial (Ley N° 26.639) y la Ley de Modernización Laboral.

También se incorporaron el proyecto de ley para la aprobación del Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, a ser remitido por el Poder Ejecutivo Nacional, y la consideración del acuerdo para designar embajador extraordinario y plenipotenciario a Fernando Adolfo Iglesias, conforme a la Ley del Servicio Exterior de la Nación N° 20.957.

La convocatoria a sesiones extraordinarias es una atribución presidencial que permite requerir al Parlamento que se reúna fuera del período ordinario para abordar temas específicos que el Gobierno considera de tratamiento urgente.

El período ordinario de sesiones se extiende habitualmente del 1 de marzo al 30 de noviembre, y durante las extraordinarias el Congreso solo puede abocarse a los asuntos incluidos en la convocatoria presidencial.

“Esos enemigos son todos. No hay diferencias sustantivas. Socialistas, conservadores, comunistas, fascistas, nazis, social-demócratas, centristas. Son todos iguales. Los enemigos son todos aquellos donde el Estado se adueña de los medios de producción”, había dicho Milei, dejando con la boca abierta a la audiencia.

El mundo quedó entonces con la boca abierta porque no conocía a ese plato volador que aterrizaba en Europa, supuestamente con una motosierra en la mano y gritando “Viva la libertad carajo”. Todos habían venido a escuchar a ese extravagante que prometía el cielo y la tierra y llevar a la Argentina a ser otra vez una potencia mundial en tiempo récord.

Pero nadie esperaba la violencia de sus palabras contra un continente que, en el fondo, fue precisamente quien dio a luz a todos los referentes ideológicos del entonces nuevo presidente.

Las críticas de LA NACION indignaron al mandatario que se encargó personalmente de calificarlas de “mentiras”, sobre todo porque esta cronista se atrevió a decir que la sala estaba medio vacía. Por entonces, Javier Milei tuiteaba sin parar a imagen y semejanza de su gran aliado norteamericano, Donald Trump.

Esa costumbre y las mismas críticas se repitieron al año siguiente, incluso a través del ejército de trolls que estaba por entonces al servicio del Presidente. En sus primeros años de mandato, Javier Milei había decidido que había que subir la apuesta en contra de ese Occidente que aborrece, controlado por “socialistas”, ignorando empecinadamente que la mayoría de los países europeos están gobernados desde hace décadas por partidos de centro-derecha y derecha conservadora. Y fue por eso que su discurso de 2025 provocó indignación mundial. Porque, en esa ocasión, decidió hacer un paralelo entre homosexuales y pedófilos, en verdad inútilmente.

“Pero, ¿por qué razón no se limita a hablar de economía, que es de lo que sabe?”, se indignó entonces un eurodiputado alemán de la Democracia-Cristiana.

La explicación tal vez resida en que Javier Milei pertenece a la generación de aquellos que confunden popularidad con prestigio, términos mezclados y naturalizados por las redes sociales. Hoy, sus allegados lo reconocen: el Presidente se sintió satisfecho con la exposición mundial que le dieron aquellas dos intervenciones.

Pero todo tiene su límite, y sus asesores parecen haber comprendido que la imagen del presidente comenzaba a sufrir consecuencias negativas, sobre todo en su propio electorado, en vísperas de unas elecciones consideradas fundamentales para el futuro de su gobernanza.

Entonces, Milei cambió. Dejó de hostigar cotidianamente a los periodistas que osaban decir que las salas en las que hablaba estaban medio vacías y a escribir tuits de la mañana a la noche.

Sin embargo, como bien dicen los franceses “on ne se refait pas” (uno no se vuelve a hacer). El Presidente sigue siendo en muchas cosas igual a sí mismo. Es el mismo que lo llevan a ver “comunistas y socialistas” por todas partes. Asimismo, ¿por qué tiene esa necesidad de dar clases de economía a un público que no entiende lo que está diciendo y que preferiría escuchar al hombre de carne y hueso? ¿Por qué no deja sus interminables referencias y análisis históricos para sus libros? ¿O sus debates con especialistas?

Este año, Javier Milei tuvo la mala suerte de que su gran aliado, Donald Trump, se olvidara de que él debía intervenir inmediatamente después, lanzándose en un monólogo sin pies ni cabeza que consternó a los asistentes y le quitó probablemente un público dispuesto a asistir a su exposición.

Pero la verdad es que la persistencia de Milei en conservar para sus discursos ese formato doctoral y abstruso ha dejado de ser una novedad en Europa, donde entusiasma mucho más su nueva experiencia económica. Esa podría ser también una de las razones por las cuales la sala de conferencias del Foro Económico Mundial (WEF) atrae cada vez menos gente cuando el presidente argentino diserta en Davos. LA NACIÓN