*Por Juan Pablo Durán (Director Periodístico)

En la política argentina, pocos nombres evocan el poder prolongado como lo son Gildo Insfrán en Formosa y José Alperovich en Tucumán. Ambos, figuras clave del peronismo, han dominado sus provincias durante muchos años, utilizando reformas constitucionales para sortear límites a la reelección bajo el pretexto de modernizar sus leyes fundamentales.
La reciente iniciativa de Insfrán para reformar la Constitución de Formosa, aprobada en octubre de 2024, invita a compararla con la reforma impulsada por Alperovich en 2006, que le permitió buscar una tercera reelección. ¿Qué impulsa a estos líderes a aferrarse al poder? ¿Son estas reformas un ejercicio legítimo de autonomía provincial o un desafío a los principios democráticos?

Gildo Insfrán, gobernador de Formosa desde 1995, ha construido una hegemonía política sin precedentes en Argentina. Con ocho mandatos consecutivos, su dominio se basa en el clientelismo, el control de las instituciones provinciales y el sistema electoral de lemas, que fragmenta los votos opositores. Sin embargo, un fallo de la Corte Suprema de Justicia, que declaró inconstitucional el artículo 132 de la Constitución formoseña —que permite la reelección indefinida—, ha puesto en riesgo su continuidad.

En respuesta, Insfrán impulsó una reforma integral de la Constitución provincial, aprobada por la Legislatura en 2024 con 20 votos a favor y 10 en contra. El oficialismo sostiene que la reforma busca modernizar la Carta Magna, incorporando derechos digitales, paridad de género y políticas ambientales. Sin embargo, la oposición, liderada por figuras como el senador libertario Francisco Paoltroni y la diputada radical Agostina Villaggi, denuncia que el verdadero objetivo es eludir el fallo de la Corte y reiniciar el conteo de mandatos, permitiendo a Insfrán presentarse en 2027 y, potencialmente, en 2031.

Esta no es la primera vez que Insfrán recurre a esta estrategia. En 2003 ya reformó la Constitución para eliminar los límites a la reelección, lo que le permitió gobernar durante 30 años. Ahora, la reforma de 2024 responde a la presión judicial y a un contexto político nacional menos favorable, con un gobierno libertario que critica los “feudos” provinciales. El control de Insfrán sobre la Legislatura y el sistema electoral sugiere que, de lograr la reforma, podría perpetuar su poder por otra década, consolidando un modelo que la oposición califica de “autoritario”.

Alperovich y la reforma de 2006 como espejo

La estrategia de Insfrán encuentra un claro paralelismo en José Alperovich, quien gobernó Tucumán entre 2003 y 2015. Alperovich impulsó una reforma constitucional en 2006 para sortear los límites impuestos por la Constitución tucumana de 1990, que permitía sólo un mandato para los gobernadores. La reforma modificó el artículo correspondiente, habilitando una tercera reelección. Alperovich, como Insfrán, presentó la reforma como una modernización necesaria, pero la oposición denunció que su único propósito era garantizar su continuidad en el poder.

Tanto Insfrán como Alperovich han utilizado reformas constitucionales para sortear restricciones a la reelección, justificándolas como actualizaciones necesarias. En ambos casos, el dominio sobre las legislaturas provinciales y la fragmentación de la oposición facilitaron estas maniobras. Sin embargo, existen diferencias significativas. Alperovich operó en un contexto político nacional más favorable, con el kirchnerismo en ascenso y sin un fallo judicial directo que amenazara su proyecto. Insfrán, en cambio, enfrenta una Corte Suprema que ha mostrado firmeza contra la reelección indefinida, como en los casos de San Juan, Tucumán y Río Negro.

Otra diferencia clave es la duración de sus mandatos. Alperovich gobernó durante 12 años, mientras que Insfrán lleva 30, un caso excepcional incluso a nivel global. Esta longevidad ha intensificado las críticas contra Insfrán, con acusaciones de transformar Formosa en un “feudo” donde la pobreza estructural y el clientelismo son endémicos.

Las intenciones detrás de la maniobra

La reforma de Insfrán, al igual que la de Alperovich en 2006, revela una intención clara: perpetuarse en el poder. Para Insfrán, esto no solo implica mantener su liderazgo personal, sino también proteger una red de poder que incluye municipios, instituciones y aliados beneficiados durante su gestión. La comparación con Alperovich es reveladora: ambos líderes han priorizado su continuidad sobre la alternancia democrática, moldeando las reglas a su favor mediante el control institucional.

La elección de los convencionales constituyentes de este domingo 29 de junio será un indicador clave del futuro político de Formosa. Si Insfrán logra controlar la Convención, como Alperovich lo hizo en 2006, podría asegurarse una década más en el poder. Sin embargo, en un país donde la alternancia y la transparencia ganan terreno como valores democráticos, la pregunta no es solo si Insfrán logrará su objetivo, sino cuánto tiempo más podrá sostenerse un modelo que, para muchos, pertenece al pasado.