*Por Juan Pablo Durán (Director Periodístico)

Este sábado, mientras el mundo contenía el aliento, Estados Unidos lanzó un ataque devastador contra instalaciones nucleares iraníes en Fordow, Natanz e Isfahán, según el anuncio del presidente Donald Trump desde la Casa Blanca. Con bombarderos B-2 surcando el cielo iraní, marca un punto de no retorno en la escalada del conflicto en Oriente próximo, que ya venía tensionado por los bombardeos cruzados entre Israel e Irán desde hace una semana. Como argentino, es es inevitable preguntarse: ¿qué significa esto para nosotros, atrapados en un mundo que parece al borde del abismo? ¿Estamos frente al preludio de una tercera guerra mundial? Analicemos las consecuencias inmediatas y de mediano plazo, con los pies bien puestos en nuestra realidad.


Consecuencias inmediatas: Un mundo en shock y un mercado en llamas

El impacto inicial es brutal. Irán, aislado por guerra electrónica, no ha emitido un comunicado oficial, pero los reportes sugieren más de 430 muertos, según estimaciones de fuentes no gubernamentales. La destrucción de sus instalaciones nucleares, corazón de su programa atómico, es un golpe directo a su soberanía, y la respuesta no se hará esperar. Ya se habla de misiles iraníes preparados para bases estadounidenses en la región, y Yemen ha amenazado con sumarse al caos. El precio del petróleo, que sube un 10% en las primeras horas tras el ataque, refleja el pánico: un tercio del comercio mundial de crudo pasa por el Golfo Pérsico, y su interrupción podría disparar la inflación global. Para Argentina, con un peso devaluado y una inflación proyectada del 18.3% para 2025, esto significa un golpe directo a los bolsillos. La nafta subirá, el transporte encarecerá, y los alimentos importados se volverán un lujo.

Geopolíticamente, la intervención de EE.UU. complica todo. Rusia y China, aliados de Teherán, han condenado el ataque, y Turquía lo ve como una provocación occidental. La OTAN, con España y Francia entre los disidentes, enfrenta una crisis interna, mientras Trump amenaza con imponer sanciones a quienes no alineen sus gastos militares. En Argentina, el gobierno de Milei, que ha coqueteado con la derecha global, se ve obligado a tomar partido, pero su silencio inicial delata la incomodidad de un país históricamente no alineado.


Consecuencias de mediano plazo: un mundo fragmentado y argentina en la mira

A mediano plazo, el escenario se oscurece. Si Irán atacara con fuerza contra bases estadounidenses, como sugieren algunos analistas en la red social X, podríamos ver una coalición liderada por EE.UU. e Israel enfrentándose a un eje Teherán-Moscú-Pekín. Esto no solo elevaría el costo energético, sino que podría colapsar cadenas de suministro globales, afectando exportaciones clave como la soja argentina, que ya sufre la sequía y la guerra comercial con Brasil. La economía local, dependiente de commodities, podría contraerse un 5% en 2026, según proyecciones preliminares de economistas, empujando a millones a la pobreza.

Además, la migración masiva es un riesgo inminente. Si el conflicto se expande, cientos de miles de refugiados del Medio Oriente podrían buscar refugio en América Latina, como ocurrió con venezolanos. Argentina, con su historia de apertura, podría enfrentar una nueva crisis humanitaria, agravada por la falta de políticas migratorias claras bajo Milei. En el plano político, el kirchnerismo podría capitalizar el descontento, acusando al gobierno de alinear al país con una guerra imperialista, mientras la derecha libertaria se aferra a su alianza con Trump.


¿Tercera Guerra Mundial? Un peligro real, pero no inevitable

¿Estamos al borde de una tercera guerra mundial? La pregunta resuena en cada esquina. El ataque de EE.UU. es un escalón más en una escalera que Israel comenzó el 13 de junio, y la retórica de Trump (“rendición incondicional”) sugiere una apuesta arriesgada. La historia muestra que las grandes guerras requieren consenso interno y alianzas sólidas, y hoy ni EE.UU. ni sus aliados tienen un frente unificado: Francia y Alemania buscan diálogo, y el Congreso estadounidense debate resoluciones para frenar a Trump.

En Argentina, el impacto dependerá de nuestra respuesta. Si Milei se sube al carro de Trump, arriesgamos sanciones y aislamiento; pero si optamos por la neutralidad, podríamos perder influencia comercial. La tercera guerra mundial no es un destino seguro, pero sí un peligro latente que exige cautela, no alineamientos impulsivos.

Como argentino observamos este ataque con una mezcla de incredulidad y preocupación. Nos hemos acostumbrado a ver guerras lejanas como espectáculos, pero esta vez el eco llega se mete en nuestras casas. El gobierno debe priorizar la economía local sobre las ambiciones globales, y la oposición debe ofrecer una alternativa sensata, no solo críticas. El mundo está en un juego de ajedrez donde cada movimiento cuenta, y Argentina no puede permitirse ser un peón descartable.

¿Qué postura adoptarán Russia y China?

El ataque de EE.UU. a Irán pone a Rusia y China en una encrucijada delicada. Rusia, aliada estratégica de Teherán y dependiente de su apoyo en Ucrania ya condenó la acción y seguramente ofrezca mediación diplomática, como sugieren sus recientes llamados a la calma, pero evitará una intervención militar directa para no comprometer su economía ya castigada. China, que compra hasta el 90% del petróleo iraní y busca contrarrestar a EE.UU., podría presionar por sanciones en la ONU y ofrecer apoyo económico a Irán, aunque su integración global la disuadirá de un conflicto abierto. Ambos podrían coordinar una postura crítica, pero su respuesta será cautelosa, priorizando sus intereses económicos y evitando un enfrentamiento que acelere una guerra global.